En tiempos en que las evaluaciones universitarias viven uno de sus periodos de apogeo, las intenciones de los estudiantes de zambullirse en el mundo de los conocimientos se ven mermadas por una serie de imprevistos que al parecer confabulan para que no lo logre. He aquí una lista de los terribles villanos que pretenden impedir que ejerzamos nuestro derecho a estudiar.
1) Pérdida momentánea del carné escolar. Lamentablemente suele ocurrir al llegar a la biblioteca. Es necesario detenerse a revisar todos los pliegues del bolso o mochila y esparcir por el piso la ruma de fotocopias y libros para solucionar semejante desgracia. Generalmente el señor auxiliar que se halla en la entrada de este monumento del saber permite al desdichado entrar utilizando su tarjeta. Éste esboza una sonrisa agradecido, la energía no alcanza para más. Generalmente, un par de pasos más allá encuentra su credencial en el bolsillo del pantalón.
2) La eterna espera del ascensor. Luego de una larga noche sin dormir y las peripecias con la credencial, el estudiante toma la sabia decisión de subir en ascensor, y lo espera. Presiona el botón varias veces, y sigue esperando. Llegan más estudiantes y no pasa nada. Luego de cinco minutos, y sin poder perder más tiempo, se dispone a utilizar las escaleras, resignado.
3) Al llegar al cuarto piso, exhausto pero confiado de haber ahorrado tiempo, a menudo se percata de que el ascensor funcionó una vez que se marchó.
4) No hay vacantes en la sala de estudios. El desesperado universitario recorre las salas de estudio buscando un lugar donde satisfacer su sed de aprender, y para qué estamos con leseras ¡el certamen es mañana! Como agua en el desierto vislumbra un sitio vacío, justo en medio de un grupo de alumnos de ingeniería. No le importa, se sienta, preparado para al fin estudiar.
5) Los futuros ingenieros son bastante sociables, se preguntan mutuamente los resultados, y los gritan de una fila a la otra. También se paran y se quedan a un lado del desprotegido joven, resolviendo juntos y a viva voz un ejercicio. Cuando al fin acepta la inutilidad de seguir allí, el pobre estudiante se retira y los deja continuar con su animada charla.
6) Casillero en mal estado. Suele ocurrirle al universitario que decide buscar algunos libros en el tercer piso, que una vez que deja sus pertenencias en el casillero de seguridad, y que ha depositado los cien pesos, se da cuenta de que la llave se encuentra quebrada, y que por ende sus cosas quedaron atrapadas. Una vez más el estudiante debe recurrir a uno de los amables auxiliares, quien relajadamente abrirá el buzón con una herramienta. Es necesario escoger un nuevo casillero y al fin guardar sus cosas.
7) Libro en catalogación. Luego de esperar en una larga fila para usar el computador de catálogos el estudiante encuentra el libro deseado. Velozmente avanza hacia la estantería señalada por el sistema y busca sin éxito el preciado texto. Al dirigirse al señor bibliotecario, él explica al aproblemado muchacho que el libro permanece en catalogación y que tal vez en un mes más esté disponible.
8) Castigado sin tener idea. Una vez que el estudiante escoge un libro de características similares, se une a una nueva fila. Al llegar a la deseada meta, la dependienta le anuncia que está castigado por atraso. Indignado recuerda el libro que su mejor amigo prometió devolver ayer. Se va maldiciendo el destino, y pensando que el día no se puede echar a perder más.
9) Al pasar por el detector se activa la alarma. Todos se voltean a ver al ladrón de libros. Cuando el auxiliar le pide al acusado que revise sus cosas, comprueba que a su nueva parca no le habían sacado todos los distintivos, uno de los cuales provocó la alerta.
10) Atrapado en el ascensor. Tras un nuevo intento de utilizar el moderno mecanismo el joven podría ser victima de una falla, quedando encarcelado hasta que alguien de buena voluntad alerte a los auxiliares.
