

sophie said....
Desvergonzada bruja que te apoderas de mis actos, llenándome de ti y tu rabia, tu desprecio por aquello que amamos, de tu odio hacia mi vida.
Ira infame hasta me haces enojarme contigo, y conmigo que soy la que te porto, la que pone la cara frente a tus actos que atentan hacia lo que más amo.
Me posees y me matas, me haces decir lo que no quiero, y secretamente me obligas a sentirlo. Como veneno me impulsas, me empujas, me retas a gritar más fuerte, a romperlo todo, a llorar nada. A no depositar mi desagrado en mi sino en aquel que amo, aquel que te suscita, conciente o inconciente, aquel que con sus dichos y hechos te llama. Aquel que clama mi perdón, sin éxito. Soy un demonio cuando vienes a mi, un demonio horrendo y malvado.
Ira brutal que llegas sin que te llame y te vas antes de que pueda cobrarte la deuda de lo que dejas. Tengo que invocar al desahogo que a través de lágrimas hirientes me depura la vida, de lo que tú hiciste, y debo disculparme... tú, ira cobarde, lanzas las piedras y escondes la mano, dejándome a mi con la mancha del daño.
Te odiaré por siempre ira, pecado terrible, mal necesario, pero que dejas peores huellas con tu agravio que las del llanto adecuado a la ocasión.
Gracias a Dios me visitas poco, pero cuando no puedo esconderme a tiempo de ti, siento que no puedo echarte, no puedo matarte si no es con tus propias armas.... la ira hacia ti misma
para que no vuelvas, al menos por hoy... para que te vayas y no me culpes más de tus pecados, para no tener que dar tantas explicaciones... para no morir por ti y en tí
